La espera... (Mil palabras: reto conseguido)

Según me acercaba al sitio del encuentro me preguntaba por qué habrías elegido ese lugar para volver a vernos después de tanto tiempo. De hecho, desde que recibí tú inesperada llamada hace dos días no puedo parar de pensar por qué aquí y no cualquier otro sitio. Sabes tan bien como yo que este banco y este entorno significó mucho hace tiempo para ambos. Es posible que este pensamiento trate de mantenerme ocupada y evite que piense el sentido en general de tu llamada. Hace meses que tú pusiste fin a todo esto, ¿qué ha cambiado ahora?.
Poco a poco me voy acercando al banco que en su día tantos horas nos escuchó. Es pronto aún, quedan diez minutos para la hora. Quise llegar tarde (muestra de desinterés o intento vano de disimular que me muero por verle) pero no pude evitarlo. Cualquier diría que soy yo la que siempre llega tarde a todas partes. En fin... Acabo sentándome en el susodicho banco, esperándote...
Uff..!que frío¡, mira que no hay bares en esta ciudad como para tener que quedar en la calle en pleno invierno – me digo- aunque si no me hubiera quedado tan embobada cuando descolgué el teléfono se lo podría haber dicho yo misma, ¿no crees?. Bueno, ya no hay vuelta atrás, pasaré el resto del tiempo hasta su llegada aquí sentada y sin pensar en nada... (ilusa).Curioso sueño el que tuve esta noche. Resulta que me hacía una coleta y tras coger una tijera, yo misma me cortaba el pelo. Tendría que haber buscado el significado del sueño, pero... dios!, ¿a quién trato de engañar?. No puedo hacer como que esto fuera una “cita” normal. Estando él de por medio no.
Él, que hasta hace poco había sido el centro de mi vida; a quien iba dirigido mi primer y último pensamiento del día; del que cualquier mínima cosa me recordaba a él; con quien hacía planes a largo plazo; quien... quien... quien sin explicaciones dijo adiós sin opción a réplica.
Siete minutos aún para la hora. Como se relentiza el tiempo cuando deseas que corra... Podría haber aprovechado estos minutos para pasear por el parque en el que está situado el banco, pero desde hace meses (desde tú adiós) me resultaba imposible siquiera acercarme por sus alrededores. Demasiadas horas pasadas allí; muchas tardes (perdidas o ganadas) junto a él; lugares aparentemente reservados para nosotros (como el banco); en definitiva, demasiados recuerdos ahora dolorosos.
Miro a mi alrededor, realmente las cosas no han variado mucho. Todo sigue como meses atrás a excepción de los cambios producidos por las estaciones. La última vez que vine aquí era verano, la gente se agolpaba por todas partes, los niños jugaban sin cesar, los patos nadaban por el estanque como si no pasara el tiempo, todo parecía calmado hasta que aquel día llegaste. Es curioso, llegaste más tarde que yo, como si algo o alguien te hubiera retenido (ahora sé que era por lo que ibas a decirme). Tú cara tenía una expresión desconocida para mi, y como todo lo que no conozco, me asustaba a la vez que me producía curiosidad.
Te acercabas poco a poco, te costaba andar en apariencia, y ya de primeras el saludo fue de lo mas seco y soso que pudiste provocar. Te pregunté "¿qué tal?", y como una explosión, lo soltaste todo de golpe. Palabras y palabras que yo trataba de asimilar pero... no, no podía. Para mi nada de lo que decías tenía sentido si se producía de esa manera. Si al menos lo hubiera visto venir de lejos... si te hubiera notado raro días atrás... pero no, de hecho, eras tú el mismo que la noche anterior me había hablado de llevarme durante las vacaciones a... bueno, está claro que el destino ya no importa.
Me quedé paralizada, no podía creer que todas esas cosas salieran de tu boca sin importarte lo más mínimo como me fueran a afectar. Tardó poco en terminar, quizá tres minutos, pero que a mi me parecieron eternos, y una vez que hubo dicho su última palabra yo sólo puede decir “¿por qué?”... pregunta que nunca tuvo respuesta.
Miro de nuevo la hora (qué sería yo sin un reloj) y aún faltan cuatro minutos, que horror, aparte de estar empezando a dejar de sentir mis pies por culpa del frío se me ha sentado un señor al lado. ¿Es que no hay más bancos libres en el parque?, ¿en el mes de diciembre?, lo dudo tanto que miro a mi alrededor y... ¡pero si están todos libres¡, puff... lo siento Sr. Desconocido (pienso, no lo digo claro), yo ahora no estoy para hacer compañía a nadie. Me levanto y me apoyo sobre uno de los laterales del banco mientras le espero.
De nuevo llegaban a mi mente imágenes de aquel día fatídico. Sin darme una respuesta te levantaste, dijiste que te tenías que ir y tras escasos cinco minutos de tú llegada trataste de irte. Estaba claro que yo no me iba a quedar conforme sin obtener explicaciones, así que me levanté, te cogí del brazo y te di la vuelta mientras te decía: “Como mínimo me merezco una respuesta”.
Te miré a los ojos, siempre lo hago y esta vez no iba a ser distinto. Me sorprendió tanto verte llorar que te solté del brazo como si las fuerzas me hubieran fallado y tu aprovechaste para irte. Sabias que yo no podría seguirte.
Ya si que no entendía nada, un lloro o es de alegría (y yo diría que no fue el caso) o de tristeza, pero... ¿triste por decir o provocar algo que quieres?, o... ¿será que no lo quería decir?, pero si no hubiera querído, no lo hubiera dicho...¿no?.
Permanecí inmóvil en aquel parque lleno de ruidos, pero sin escuchar nada , lo que él tardó en desaparecer de mi campo de visión. Sé que él sabía que lo miraba, pero no, no se dio la vuelta ni un instante, y siguió su camino.
De nuevo miro el reloj y aún quedan dos minutos para la hora exacta. Cualquiera que me vea mirar la hora cada instante y sea capaz (que es muy fácil) de observar lo nerviosa que estoy, va a pensar que he puesto una bomba por algún lugar del parque y que estoy inquieta por su inminente explosión. ¿Me estaré poniendo nerviosa por su llegada?, ¿llegada?, ¿y si no llega?...
Supongamos que se arrepintió en el último momento y que una vez más no tuvo el valor para explicármelo. La opción a tomar sería no venir ¿no?. Además, siendo la hora que es, con lo puntual que él era (odio los tiempos pasados) esta no es una situación normal, o... ¿si le ha pasado algo?, quizá haya sido testigo de un accidente y tenga que ir a la policía como testigo o...
Alguien me pone la mano en el hombro, me giro, es él.


Vivir no es sólo existir,
sino existir y crear,
saber gozar y sufrir
y no dormir sin soñar...
(Gregorio Marañón)


Amaru dijo
Bueno, espero que en el siguiente post nos digas qué pasó cuando él llegó, porque me he quedado muy intrigada :D
Besos.
30 Diciembre 2005 | 10:33 AM