Junio es el mes de muchas circunstancias: El solsticio de verano (al menos en el hemisferio en que yo vivo); exámenes; para algunos “pocos” elecciones; el mes de mi cumpleaños (se aceptan apuestas para adivinar la fecha); las oposiciones de educación; el santo de todos los varones de mi familia paterna (si alguien entiende por qué siendo ateos se celebra dicha festividad que me lo haga saber por favor); bla bla bla... y entre otras mil millones de cosas, junio también es el mes de la recolecta de cerezas.

(Pero... ¿con qué clase de temas ha vuelto Uxue?. Pues ya ven... )

Mi habitual domingo del mes de junio se desarrolla subida en un árbol en busca y captura de tan gustosa fruta, lo cual tiene serias y agudas consecuencias, del tipo de:

- Dolor de espalda y tobillos hinchados de manera bestial, y es que las posturitas que uno adopta sobre un árbol no son precisamente cómodas.

- Unos cuantos raspones provocados por las ramas mal intencionadas que están donde no deben.

A todo esto... ¿algún médico en la sala?, porque vaya estampa que estoy pintando, pero esperen, esperen... que esto sigue...

- Haber visto a la muerte de cerca, principalmente porque... (palabras textuales, y no mías precisamente)

“¿cómo no te vas a jugar la vida por un par de cerezas?... vamos hombre... y que se las coman los puñeteros pájaros. Suéltate de esa otra mano y ya verás como con las dos llegas a las ramas más lejanas”

Ejem... qué bien habla el “jefe” desde el suelo ¿verdad?.

- Que ayer domingo, siendo sólo las 23:00 horas yo ya no me tenía en pie, y muchos menos despierta. ¿Dónde quedó pues mi insomnio?.

Lo peor de todo es sin duda, que para cuando deja de dolerme todo el cuerpo, vuelve a ser domingo, y tengo que volver a subirme a un árbol.

No...si trabajaré de todo menos de lo mío. Por cierto, ¿alguien quiere cerezas?.

Uxue