Patas arriba...

Creo que nunca he comentado mi faceta lectora (muy muy expandida), quizá porque la daba por hecho... ¿quién no lee hoy en día?... pero tranquilos, que me contesto yo solita: “Pues mucha gente Uxue, mucha gente”. (Ellos se lo pierden).
Así pues, confirmo, soy una gran lectora, de esas que se sienten incapaces de apartarse del susodicho libro hasta no llegar al punto final de este. No se si es manía, impaciencia o paranoia, pero... ¿qué importa?.
El libro que ocupa mi tiempo hoy por hoy fue escrito ya hace unos años por Eduardo Galeano y se titula “Patas arriba. La escuela del mundo al revés”.
Puede parecer un libro educativo o relativo al mundo de la educación, de hecho yo pensé que lo era cuando lo compré (tiene un prólogo no demasiado claro respecto a su contenido) pero nada de eso. Es un libro que cualquiera podría leer para darse cuenta en mínima medida de la cantidad de barbaridades que se dan y que, al menos yo, desconocía en su mayor parte.
Consecuencias de las diferentes dictaduras que se han dado a lo largo del mundo y del tiempo; el juego sucio llevado a cabo por la empresas por optimizar beneficios; esclavitud; vejaciones varias; desigualdad racial y sexual; bla bla bla... un sin fin de temas e historias que se desarrollan de manera contraria a la deseada, de ahí el título del libro.
Es un texto que podría dar mucho de sí en cuanto a “posts” por escribir, pero sin haber terminado de leerlo, me quedo con lo siguiente por ser de lo primero que me llamó la atención, así como por la razón que lleva. Si les gusta, ya saben...
En la época victoriana, no se podían mencionar los pantalones en presencia de una señorita. Hoy, por hoy, no queda bien decir ciertas cosas en presencia de la opinión pública:
El capitalismo luce el nombre artístico de economía de mercado;
las víctimas del imperialismo se llaman países en vías de desarrollo, es como llamar niños, a los enanos;
el oportunismo se llama pragmatismo;
la traición se llama realismo;
los pobres se llaman carentes, o carenciados, o personas de escasos recursos;
la expulsión de los niños pobres del sistema educativo se conoce bajo el nombre de deserción escolar;
el derecho del patrón a despedir al obrero sin indemnización ni explicación se llama flexibilización del mercado laboral;
el lenguaje oficial reconoce los derechos de las mujeres, entre los derechos de las minorías, como si la mitad masculina de la humanidad fuera la mayoría;
en lugar de dictadura militar, se dice proceso;
las torturas se llaman apremios ilegales, o también presiones físicas y psicológicas;
cuando los ladrones son de buena familia, no son ladrones, sino cleptómanos.
Uxue


Vivir no es sólo existir,
sino existir y crear,
saber gozar y sufrir
y no dormir sin soñar...
(Gregorio Marañón)


jotatrujillo dijo
El idioma rebuscado y sofista de la clase dominante, que siente vergüenza de llamar a las cosas por su nombre.
Cuando veo escenas en televisión de personas muertas y niños destrozados y llorosos y pienso en lo de "daños colaterales", me rebelo contra los alquimistas interesados de las palabras.
Saludos y sonrisas.
22 Junio 2006 | 06:29 PM